Investigación de mercados: Miedos incontrolables (fobias)

Investigación de mercados

Miedos incontrolables (fobias)

Escrito por Amaryllis Quirós.

¿Quién no ha tenido alguna vez miedo a algo o a alguien o a alguna situación específica? ¿Quien no recuerda algún evento que le asustó terriblemente de pequeño  y aún -a veces- lo siente fresco y vívido como si hubiera sido ayer. Todos hemos sentido miedo:  a que me asalten,  caerme,  llevarme un chasco en público,  que me vaya mal en un examen, al agua o a la oscuridad; pero estos miedos conllevan angustias sobre-llevables, mal dichas “normales” en la medida que permiten a la persona seguir su funcionamiento y desempeño normales dentro de la vida cotidiana.

Una fobia, en cambio, implica un estado de angustia mayor que se traduce en un miedo intenso, persistente e incontrolable a objetos, o situaciones claramente discernibles; así, una mínima exposición al objeto fóbico provoca casi siempre una respuesta inmediata: ansiedad, sudoración, palpitaciones y hasta el descontrol general. De ahí que la respuesta común tienda a ser la evitación. De hecho, dentro de su terminología “fobia” se significa como “pánico” en referencia a la respuesta que genera.

Fobia a las alturas,  arañas, serpientes, viajar en avión,  matrimonio, o incluso al miedo. Las fobias son de variados tipos, dimensiones e intensidades, todas son de carácter idiosincrásico y aunque resulten extrañas, algunas inverosímiles y totalmente sorprendentes, son trastornos comunes…No falta algún ejemplo cercano que nos remita a la historia de la persona que pega un estridente grito porque se encontró de repente con una cucaracha en la oficina, o quien le tema tanto a las lagartijas que termina subiéndose en una silla para evitarla -aunque esta esté muy lejos-)

Tipos de fobias

Se encuentran también las fobias sociales que se refiere al miedo y ansiedad emergente ante acontecimientos o situaciones sociales como hablar en público, tener contacto verbal con personas extrañas, entablar cierto tipo de conversaciones. O las fobias ambientales: a situaciones relacionadas con fenómenos atmosféricos o de la naturaleza: tormentas, temblores, rayos, los precipicios.

Un hombre de mediana edad que trabajaba en un veinteavo piso (en otro país), padecía de fobia a los elevadores y como consecuencia, tenia que levantarse mas temprano que lo regular de sus compañeros para tomarse el tiempo de subir las escaleras y llegar a la hora a su trabajo, ni que pensar de los días en que por desgracia tuviera que llevar alguna carga adicional libros u otros….de seguro incluso tenia que llevar ropa adicional y tennis para cambiarse o más bien ir en ropa deportiva y cambiarse al llegar, y, por supuesto bañarse. Esta persona ha logrado sobrellevar su temor evitando la situación, pero, ¿qué pasaría si por alguna razón tuviera que enfrentarse realmente a su objeto “fóbico”? Una de dos: ¡colapsa o bien lo supera!

Nuestras fobias son generalmente, y en la mayoría de los casos, producto de situaciones vividas en la infancia. Recuerdo también a una joven que de niña la asustó el ladrido de un perro, caminaba con su hermana por la acera vecina y el perro salió de pronto por la verja y le ladró –prácticamente en la cara- el susto fue tal que hoy día su temor continúa, pero no solo al ladrido, sino que se generalizó al animal (a cualquier perro que se atraviese por su camino). Por muy vergonzoso, tonto o irracional que parezca el temor para nosotros, para ella es angustiante. Otro recuerdo: aquel profesor que temía pasar por los puentes (caso de fobia situacional), no había forma posible de lograr hacerlo pasar por el puente, y aunque era lugar de tránsito obligado para acceder a su trabajo, buscaba todas las estrategias posibles para evitarlo; por supuesto, eso implicó a larga y por el resto de su vida que jamás pudiera viajar en autobús cuya ruta regular de tránsito pasaba por el temido puente. Como se ve: el temor a “lo que pueda pasar”, muchas veces infundado y producto de su mente puede “inundar” a la persona y hacerle sentir tal descontrol que implica hacer giros y cambios vitales extraordinarios.

Y ni qué hablar del miedo a los insectos, al punto de que una insignificante y bella libélula sea a veces el objeto de gritos y de una temerosa pero rápida persecución. Para los demás, estos pueden parecer miedos tontos e infundados,  pero para quien los vive puede llegar a afectar su vida y hasta paralizarla. Es justamente en este momento cuando se vuelve “anormal” y preocupante. Pensemos por ejemplo ¿qué hubiera hecho el hombre con fobia al elevador y, probablemente claustrofobia, si por ejemplo, por algún motivo, no hubiera acceso por las escaleras? De seguro renuncia o bien lo despiden por no ir al trabajo; sin embargo, es de considerar que la realidad es tan temida que efectivamente se vive como lo peor que pueden enfrentar.

Todos tenemos en cierta medida temores, no escapamos a hechos y realidades vividos que nos atraparon imprevistamente y nos dejaron desarmados en un algún momento dado de nuestro pasado; todos nos identificamos con algún miedo. Yo, particularmente le temo a las arañas, pero creo que no a las pequeñas, sino las grandes y peludas y algo a los espacios muy cerrados… La verdad, no he querido explorar mucho… Debemos reconocer que también puede haber temores que incluso no reconocemos conscientemente y que surgen hasta que estamos en una situación dada. En Costa Rica, por ejemplo 3 de cada 10 ticos dijeron padecer de fobias http://www.unimercentroamerica.com/biblioteca_virtual/Fobias2010.pdf; según la reciente encuesta de UNIMER Centroamérica.

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