Centroamérica requiere de un verdadero examen de conciencia ambiental
La región centroamericana aun se encuentra lejos de ser una región “verde” en términos de conservación. Como se pudo evidenciar en los estudios sobre los valores ambientales, Costa Rica y Panamá cuentan con población que tiene ciertos valores ambientales, pero las acciones concretas, tanto de la población como de las autoridades, no son suficientes.
En lugares como Guatemala, El Salvador y Nicaragua la situación es similar. Algunos problemas de estos países son comunes a toda la región, como la falta de planificación urbana que inevitablemente resulta en una mala utilización del espacio y los recursos.
En Guatemala existe cierta preocupación por el cambio climático sin embargo, la conducta del consumidor, uno de los factores que podrían impulsar el desarrollo de valores ambientales fuertes, todavía no se modifica al grado de exigir al mercado la producción de bienes fabricados de manera ecológica. La preocupación de que la empresa productora tenga prácticas de responsabilidad social enfocadas en este sentido aún no se hace muy evidente.
Hay atisbos de cambio en el ambiente, como la posibilidad de comprar bolsas de supermercado reutilizables en lugar de llenar la casa de bolsas plásticas cada vez que se hacen las compras pero aún falta mucho por hacer.
Gubernamentalmente el tema ha sido desatendido y desplazado por otras prioridades. Por ejemplo: hace algún tiempo el Lago Atitlán, belleza turística guatemalteca, se vio atacado por cianobacterias que se multiplican sin control por el incremento de los niveles de fósforo y nitrógeno que contienen los desechos domésticos e industriales que van a parar al lago. Un hecho real y muy lamentable.
El Salvador cuenta con un 90% de su territorio con algún peligro de riesgo ante desastres naturales, pero ¿cómo incluir en la agenda nacional el tema? Actualmente la población está midiendo a sus gobernantes de acuerdo a lo que hacen para solucionar la delincuencia y la economía en un año post crisis económica.
Por su parte en Nicaragua, conocida tierra de lagos y volcanes, existe un cierto acuerdo en el discurso pero la disonancia se vuelve concreta cuando se ve la basura en las calles y la tala indiscriminada de árboles.
La Universidad de Managua impulsó un programa de reciclaje para incidir en sus estudiantes y es allí donde se puede hacer la diferencia. Cuando se llevan a cabo esfuerzos que tienen el fin mayor de impactar culturalmente a una población, eventualmente esa semilla de cambio germina en una sociedad más consciente, más exigente y más enterada.
Ante este panorama, el sector privado sebe ser el abanderado del cambio, emprendiendo iniciativas que se formulen luego de entender a la población, al consumidor y a la sociedad en que se desenvuelven. La tendencia mundial indica que pronto el factor decisivo en las decisiones de compra tendrá que ver con lo amigables que sean los productos y sus procesos de manufactura.
Son las empresas las que deben internalizar esos cambios de paradigma y buscar parte de su ventaja competitiva en ellos.
Información aportada por UNIMER Guatemala, El Salvador y Nicaragua.
Etiquetas: conservación, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, planificación urbana, valores ambientales




